HIDRÁTATE POR DENTRO Y POR FUERA

A medida que aumenta nuestra edad disminuye el grosor de nuestra epidermis. La primera capa de la piel se reseca con más facilidad y necesita una ayuda extra para mantenerse igual de jugosa que antes.

Bebe grandes cantidades de líquidos y lávate la cara con agua fría al despertar y antes de acostarte. También puedes añadir a tu rutina semanal un masaje facial con una mascarilla natural de aceite de oliva con aloe vera para aprovechar parte de sus capacidades antioxidantes.

DIETA VARIADA = PIEL SANA

La alimentación es igual de importante a cualquier edad, pero a medida que cumplimos años debemos prestar un cuidado especial a todo lo que nos llevamos a la boca.

La piel es un reflejo fiel de cómo nos cuidamos y las toxinas provocadas por una mala alimentación pueden convertirla en un lienzo apagado y falto de brillo. Por eso debes añadir a tu lista de la compra ciertos alimentos ricos en vitaminas y sustancias que mejoran la elasticidad de la piel.

 

CUIDADO CON TODO LO QUE RESECA

Si ya hemos dicho que la piel tiende a resercarse con la edad, imagina exponerla a factores que todavía la hagan envejecer con mayor rapidez. Cuando somos jóvenes nos preocupamos poco de las consecuencias y tendemos a cuidarnos menos, pero es importante pasar a la acción lo antes posible, sobre todo cuando empieces a notar los efectos de la edad en la piel.

NO HAY EDAD PARA DEJAR DE CUIDARSE

Muchas mujeres dejan de cuidar su piel a partir de los 60 porque notan que las cremas ya no hacen efecto. Pero es un error que debes evitar. Es importante que escojas productos adecuados para cada etapa. Una piel de 40 años es distinta a una de 60. Cada década tiene sus peculiaridades y no puedes seguir usando la misma crema de manera eficaz.

Para mantener la piel hidratada, con elasticidad y libre de manchas a esas edades hay que optar por cremas que vayan un paso por delante.

Ahora es tu momento, ¿cómo cuidas tu piel madura?